Odio las insomnicas horas nocturnas pasadas en vigilia, cuando el sueño no llama a mi puerta y en vano intento rendirme a él en la única batalla que deseo perder día tras día,o mejor dicho,noche tras noche.
Odio es(t)as horas en las que mis temores me abordan,temores profundos, quizás infantiles, miedos nacidos de emociones, experiencias;recuerdos lejanos pero tambien de la vuelta de la esquina, alimentados de frases, de silencios, de posibilidades.
Odio es(t)os momentos en los que con tanta nitidez mi mente se rinde a tristes dramas de final desastroso,series completas de vívidas experiencias ficticias nacidas a raiz de un pensamiento,de una palabra, de un recelo, de un resquemor...
Odio no conseguir descansar y para colmo no poder soñar,no poder evadirme entre los recovecos de los restos de mi propia inocencia, que no haya manera alguna de escapar a mi pequeño mundo de fantasía aunque sea simplemente algunos segundos de aquella extraña y curiosa manera de medir el tiempo de los sueños.
Y es triste que, tras largo tiempo de paranoyas que quizas no tengan sentido alguno, al conseguir la inconsciencia 'placentera' del sueño me suma en un pozo mucho mas oscuro que en los odiados y angustiosos momentos de vigilia que intentaba describir anteriormente.
Y noche sí,noche también,la misma historia,con distinta introducción,aunque siempre de igual desenlace...
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